Vamos por otro…
Lo hacía por cumplir pero me aburría, no podía evtarlo. Simplemente no era mi estilo el sentarme en un sillón y escuchar millones de sandeces acerca de las vidas de los demás y sus logros, los nombres de sus hijos y la marca del auto nuevo. Personalmente prefería mirar un punto fijo y mover el pie incesantemente.
- Vamos Julián, cuéntanos de tí.
- Bueno, sigo en lo mío. Todo bien.
Según ellos era envidia, pero yo reconozco su origen en algo mucho más básico e incontrolable. Y de todos modos se me hacían un tanto insoportables sus caras de rabia cuando volvía del patio con una sonrisa luego de haber cortado a mi interlocutor y un cigarro menos.

Hay pocas cosas en el mundo que me descolocan más que una conversación social en casa, cuando de pronto aparece gente “x”, parientes desvinculados, y toda la sarta de indeseables. Es gracioso darse cuenta como hablando todos de las mismas cosas, en todas las casas, en todas las reuniones familiares, en todo el mundo.
Hay pocas cosas en el mundo que sean peores a sentarse a conversar por cumplir.
Aunque la venganza a aquel trance casi inevitable, la has expresado muy bien!
Por el cigarro al menos, lo valía.
Julián? .. tiene bastante de ambos, no?